Soy Raul Bolufe. Mi compañía les compra su parte a herederos de casas heredadas en Texas. Esta es la historia de una casa en Odessa, de tres hermanas que llevaban diez años sin hablarse, y de cómo una de ellas pudo vender su parte de la casa de su madre sin pedirle permiso a nadie. No soy abogado y esto no es consejo legal. Es lo que pasó.
Diez años sin hablarse
Cuando su mamá murió, les dejó una casa en Odessa y un testamento que decía que si algún día la casa se vendía, el dinero se repartiría en tres partes iguales entre sus hijas.
Una de las hijas, le voy a decir Tina, hizo lo que hace mucha gente. Se mudó a la casa. Puso al día los impuestos con su propio dinero. Trató de que funcionara.
Duró seis meses. Sus dos hermanas le hicieron imposible vivir ahí. Se salió, y esa fue la última vez que vio la casa o que habló con cualquiera de las dos. Un amigo de la familia se mudó a la casa. Pasaron diez años.
Tina nunca dejó de ser dueña de una tercera parte de esa casa. Nada más no tenía cómo vender su parte de la casa. Ningún agente de bienes raíces iba a poner a la venta un tercio de una casa. Ningún banco iba a prestar sobre eso. Sus hermanas no le iban a comprar su parte. Y ella estaba a 300 millas, en Fort Worth, sin idea de cómo se veía la casa ya.
La llamada desde el hospital
Tina se comunicó con nosotros a principios de julio. Estaba en el hospital en Fort Worth y necesitaba resolver esto. Rachel, de mi equipo, me mandó su situación ese mismo día con la nota “very very hot lead”, que en el idioma de la oficina quiere decir que había que moverse ya. Abajo venía el número de cuarto en Medical City Fort Worth para que un notario público certificado fuera a donde ella estaba.
Así fue como firmó. En un cuarto de hospital, con un notario público certificado a un lado de la cama, por su tercera parte de una casa que no había visto en una década. Sin sus hermanas, sin pedir permiso, sin sucesión. Podía vender su parte de la casa ella sola, así que eso hizo.
Le pagamos a los pocos días de registrarse la escritura. Un par de días después nos dejó esta reseña en inglés, que todavía me da vueltas en la cabeza:
“I was able to sell the house at the most needed time. It had become such a weight on me from my past, causing nothing but grief. So glad to be rid of it.”
En pocas palabras, que esa casa se había vuelto un peso de su pasado y por fin se lo quitó de encima.
Qué pasó con las hermanas
Esto es lo que la gente siempre pregunta. ¿Y las otras dos?
En cuanto se registró la escritura de Tina, nosotros éramos dueños de una tercera parte de la casa y sus dos hermanas de las otras dos terceras partes. Ahora éramos sus copropietarios, les gustara o no. Así que hicimos lo que siempre hacemos. Las buscamos y les hicimos el mismo tipo de oferta que le hicimos a Tina.
No brincaron de gusto. Dos hermanas que se habían pasado diez años sin dejar entrar a su propia hermana a la casa no estaban muy contentas de oír de una compañía que ahora era dueña de ese pedazo. Nuestro abogado les mandó una carta explicándoles cómo estaban las cosas.
Dos semanas después de que Tina firmó, las dos hermanas firmaron. El mensaje de Rachel al equipo ese día fue “100 percent locked up”, con un montón de signos de exclamación. O sea, todo amarrado.
Una de las hermanas, le voy a decir Becky, dejó esta reseña en inglés tres días después:
“I was genuinely impressed with every step of the process and with everyone involved in my experience with this company. They were super nice and super accommodating.”
Dice que le impresionó cada paso y que todos fueron muy amables y muy atentos con ella.
Fíjese bien quién lo escribió. La hermana que estaba del otro lado de un pleito familiar de diez años nos puso cinco estrellas después de vender. Así se ve esto cuando se hace bien. Nadie salió castigado. A todas les pagaron. Nadie tuvo que sentarse en el mismo cuarto con nadie.
El amigo de la familia que vivía en la casa
Todavía había alguien viviendo ahí. El amigo de la familia llevaba años en la casa.
No pusimos una demanda de desalojo. Le ofrecimos dinero a cambio de las llaves, o sea, le pagamos para que se saliera en una fecha que le acomodara. Aceptó. La casa quedó vacía, la limpiamos y la vendimos. Desde el primer mensaje de Tina hasta que se vendió la casa: como seis semanas.
Lo que muestra este caso
- Usted puede vender su parte de la casa sin que sus hermanos estén de acuerdo. Tina firmó sola. Sus hermanas se enteraron después.
- No tiene que estar cerca de la casa. Tina estaba a 300 millas, en una cama de hospital. El notario público fue a donde ella estaba.
- Los que no quieren normalmente también venden. Cuando ya somos dueños de una parte, los otros herederos reciben la misma oferta. La mayoría la acepta en unas semanas.
- La persona que vive ahí es problema nuestro, no suyo. Nosotros nos encargamos de quien vivía en la casa cuando ya éramos los dueños.
- No tiene que ser una guerra. Los dos lados de esta familia nos dejaron reseñas de cinco estrellas.
Si esta es su familia
A lo mejor usted se mudó a la casa, pagó los impuestos y lo sacaron. A lo mejor usted es el que sigue en la casa y su hermano se quiere salir. A lo mejor nadie se habla desde el funeral. No importa cuál sea su caso. Puede vender su parte de la casa.
Llame o mande un texto al 936-380-6384, o llene el formulario. Dígame la dirección, quién falleció y cuántos hermanos y hermanas son. En un día le digo cuánto le pagan por vender su parte de la casa, y si le conviene, un notario público certificado va a donde usted esté.
Sobre el autor

Raul Bolufe compra y vende bienes raíces desde 2012, ha cerrado más de 800 negocios y les ha pagado a más de 100 herederos por su parte de propiedades heredadas en Texas y Florida. Es el presentador del podcast Flipping Miami. Más en raulbolufe.com.