La hija nos escribió que la casa tenía un gravamen de $146,000 y una orden de demolición encima, y que la familia había decidido que su única opción era entregarle la propiedad a la ciudad. Ese fue el primer mensaje que recibimos.
Soy Raul Bolufe. Mi compañía compra casas heredadas y partes de herederos en todo Texas, y limpiar los gravámenes que nadie le mencionó a la familia es casi todo lo que hacemos en la semana. No soy abogado y esto no es consejo legal. Es lo que pasó con una casita en West Columbia, en el condado de Brazoria.
La carta que terminó la conversación antes de empezar
Una señora falleció y les dejó una casa a sus hijos. En algún momento se le pegó un gravamen, ligado al Seguro Social, con un número: $146,000.
Quiero que se imagine lo que ese número le hace a una familia. La casa era chica. Estaba en un lote angosto en forma de triángulo. Nadie en esa familia iba a sacar $146,000 de ahí, así que las cuentas en su cabeza eran sencillas. El gravamen es más grande que la casa. La casa ya se perdió. Que se la quede la ciudad.
Encima de eso, la ciudad tenía una orden de demolición sobre la casa. O sea que la familia tenía un gravamen que no podía pagar y una casa que la ciudad pensaba tumbar. Se entiende por qué dejaron de abrir el correo.
Entonces una de las hijas le mandó un texto a Marchel, de mi equipo, más o menos para decirle gracias, pero aquí no hay nada. Marchel no estuvo de acuerdo.
Lo que de verdad significa para usted un gravamen en una casa heredada
Esto es lo que casi ninguna familia sabe, y lo digo en cada uno de estos artículos porque importa más que cualquier otra cosa en esta página.
Cuando usted nos vende su parte, el gravamen es nuestro. Las multas son nuestras. La orden de demolición es nuestra. Llamamos a quien los tiene, averiguamos cuánto van a aceptar de verdad, negociamos y pagamos. Usted nunca hace ese cheque y nunca hace esa llamada.
El número de una carta de gravamen es para empezar a hablar. No es una sentencia. Casi todas estas deudas traen años de intereses, multas y cargos encima de la cantidad original, y los que las tienen normalmente prefieren recibir algo ahora que nada por otros diez años.
Lo que pasó, paso por paso
Diciembre. Llegó el texto de la hija. Revisamos el título. El gravamen era real y la orden de demolición también. Aun así le hicimos una oferta a la familia, porque tomamos en cuenta el gravamen en el precio y después nos ponemos a trabajar en él.
Enero. Los herederos que estaban dispuestos aceptaron firmar. El primer intento se cayó la noche de una tormenta. La familia estaba en tres lugares distintos, todos los notarios que llamó mi equipo estaban ocupados o no querían manejar con ese clima, y el único que sí iba estaba a una hora y media. La señora que coordinaba todo por la familia lo hacía desde su sillón, recién operada de la rodilla. Lo logramos a la semana siguiente.
Primavera. Una familiar en Pearland no contestaba nada. Una carta certificada se quedó semanas en la oficina de correos con un aviso pegado en su puerta. Así que nuestro abogado mandó a una persona a entregarle los papeles en la mano, y después presentó el caso en la corte. El que entrega los papeles es un ser humano. Es alguien que toca su puerta y le da el papel. Como cinco semanas después de presentar el caso, ella firmó, y firmó gratis. Nunca quiso dinero. No creía que fuera heredera ni que nada de esto fuera real, y cuando se volvió real, dejó de pelear.
El gravamen. Con la casa a nuestro nombre, nos hicimos cargo del gravamen y nos pusimos al teléfono. Les mostramos cuánto valía la casa, en cuánto se iba a vender y qué era realista. El gravamen de $146,000 se arregló por menos del 5 por ciento del número de la carta. Lo pagamos. Se quitó de la casa.
La orden de demolición. Esta parte sorprendió hasta a gente de mi propio equipo. Llamamos al departamento de gravámenes del condado, les dijimos quiénes éramos y que íbamos a arreglar la casa, no a abandonarla. Levantaron la orden. Su razón, más o menos: preferían verla arreglada que tumbada. Esa fue toda la conversación. Nadie les había llamado nunca para decirles eso.
Julio. Vendimos la casa. Para nosotros fue un negocio chico. Para la familia fue la diferencia entre regalarle la casa a la ciudad y que les pagaran por ella.
Lo que dijo la familia
Una de ellas nos dejó una reseña en Google después de que firmaron los herederos dispuestos. La copio tal cual, en inglés, porque es pública y porque dice lo que yo no supe decir:
“They helped my family solve a chapter in our life and for that we thank them so very much. No matter what the circumstances they were there for us thanks again.”
En pocas palabras, que ayudamos a su familia a cerrar un capítulo de su vida y que estuvimos ahí para ellos sin importar las circunstancias.
Esa es Letha. Yo no escribí eso. Lo escribió ella.
Lo que esto significa para usted
- El número de la carta de gravamen es donde empieza la conversación. Casi nunca es lo que se paga.
- Una orden de demolición es una llamada, no una sentencia de muerte. Las ciudades y los condados quieren la casa arreglada. Alguien les tiene que decir que así va a ser.
- No regale la casa. La familia que le entrega una casa a la ciudad por un gravamen se va sin nada. Esta familia se fue con dinero en efectivo.
- Cuando nos vende, el gravamen y la orden son nuestros. Llamamos, negociamos, pagamos. Usted ya no tiene nada que ver.
- Mándenos las cartas antes de decidir nada. Lo peor es enterarse un año después de que esos $146,000 eran en realidad una fracción chiquita para alguien que sabía a quién llamar.
En resumen
- Una señora falleció. La casa tenía un gravamen de $146,000 y una orden de demolición de la ciudad. La familia pensaba dársela a la ciudad.
- Los herederos dispuestos firmaron en enero, en el segundo intento, después de una tormenta y una operación de rodilla.
- A la única familiar que no contestaba le entregaron los papeles y después firmó gratis.
- Nos hicimos cargo del gravamen y lo arreglamos por menos del 5 por ciento. Llamamos al condado y levantaron la orden de demolición.
- Se vendió en julio. A la familia le pagaron en vez de quedarse sin nada.
Si la casa que usted heredó tiene un gravamen, o un aviso de demolición, o una carta con un número tan grande que ya ni la terminó de leer, llame o mande un texto al 936-380-6384, o llene el formulario. Dígame la dirección y quién falleció. Para mi equipo, los gravámenes son un martes cualquiera.
Sobre el autor

Raul Bolufe compra y vende bienes raíces desde 2012, ha cerrado más de 800 negocios y les ha pagado a más de 100 herederos por su parte de propiedades heredadas en Texas y Florida. Es el presentador del podcast Flipping Miami. Más en raulbolufe.com.